E-Ras: semanario on-line de actualidad sanitaria

Ir directamente al contenido

Area de suscriptores:

Viernes 30 de Julio de 2010 | 07:15 h

Principal

Los inmigrantes, la salud y la intolerancia

amos_garcia.jpg

Por Amós García Rojas, Jefe de Sección de Epidemiología y Prevención. Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias

Uno se queda absolutamente perplejo cuando lee declaraciones que en un manifiesto ejercicio de intolerancia, asocian el fenómeno dramático de la inmigración con el resurgimiento o la aparición de determinadas enfermedades transmisibles.

Los inmigrantes, la salud y la intolerancia

Algunos riesgos para la salud llegan a ser percibidos por sectores amplios de la población con mayor intensidad que otros, a pesar de que objetivamente puedan tener una menor importancia. Así,  podemos comprar y agotar un medicamento en las farmacias para protegernos frente a un problema inexistente, después de acabar de fumar el último cigarrillo del tercer paquete del día. Y es que lo desconocido crea más temor que lo habitual, a pesar de que lo habitual pueda ser la manifestación de un problema de envergadura. Es fundamental por tanto, tratar correctamente la comunicación de los riesgos en salud, evitando la confusión y la desconfianza que una comunicación no adecuada suele generar en la
población.

Por eso, uno se queda absolutamente perplejo cuando lee las declaraciones de determinados ciudadanos/as con responsabilidades públicas (o no) que en un manifiesto ejercicio de intolerancia, asocian el fenómeno dramático de la inmigración con el resurgimiento o la aparición de determinadas
enfermedades transmisibles.

Es evidente que la inmigración, especialmente para los territorios insulares, es un problema grave que requiere de un abordaje sereno, riguroso e integrador, y que necesita de la intervención en varios frentes. El asociar desde determinados espacios políticos el fenómeno de la inmigración con la llegada de mil y una enfermedades, repugna intelectualmente. Hay que criticar este tipo de afirmaciones como claramente nocivas y generadoras de angustia, y por ser un absoluto disparate.

Ya está bien de que se utilice la salud, o mejor el miedo a perderla, como agente de vete tu a saber que intencionalidad política. Con la salud no se juega, y por eso no se debe jugar con el miedo de la población.

En el conjunto de las Comunidades Autónomas del Estado la población enferma o muere principalmente por enfermedades cardiovasculares y por tumores, es decir por problemas que en un alto porcentaje son de tipo conductal, derivados de estilos de vida. Esos son nuestros más importantes problemas de salud. Sin embargo, a determinadas personas le preocupan la salud de los inmigrantes, o mejor dicho, las enfermedades que nos podrían transmitir. Y es que desgraciadamente los comportamientos sociales frente a los procesos transmisibles, especialmente cuando cursan en forma epidémica, se han caracterizado siempre por la mezquindad moral. La posibilidad de que un/a desesperado/a que llega a nuestras costas en una patera, pueda ocasionar la transmisión de una enfermedad inexistente en nuestro medio, va a venir condicionada por varios factores que hacen difícil que dicha situación se produzca. El que nos transmita una enfermedad ya existente en nuestro ámbito va a depender exactamente de los mismos factores que existían antes de su presencia.

Diversos estudios demuestran por ejemplo, que la prevalencia de la infección tuberculosa en la población inmigrante que llega a Canarias, es más baja que la de nuestra propia población. Otra cosa es que las condiciones de marginalidad y hacinamiento en las que se van a ver obligados a vivir estas personas, sean elementos favorecedores de la aparición de la enfermedad. Pero en estos casos, es aquí donde enferman y somos nosotros los que les producimos el problema.

La situación de la inmigración requiere un enfoque riguroso, por lo que resultan inaceptables las manifestaciones que se realizan desde las trincheras de la intolerancia y la memez acientífica. Esperemos que determinados pronunciamientos, que parecen destinados a acojonar al personal, se preocupen de ser sólidos y racionales, ya que en ocasiones, y como el tabaco, hacen daño, mucho daño

Ayer fuímos emigrantes, hoy recibimos inmigrantes. Esperemos que mañana seamos capaces de articular un marco de convivencia y tolerancia, adecuado a nuestras necesidades y a la de ellos/as, único válido para la salud de todos/as.

Ayudas a la navegación