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Viernes 30 de Julio de 2010 | 07:11 h

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Hospitales “sin”

18 de Mayo del 2009

jose_manuel_estrada2.jpgJosé Manuel Estrada, bibliotecario.Una nueva propuesta de la cultura de lo “light”. Hospitales “sin papeles” (modernos y automatizados), “sin biblioteca” (pero con acceso electrónico a los recursos), y, el más difícil todavía, ¿“sin bibliotecaria”?

Hospitales “sin”

Los hospitales de más reciente construcción en España se han incorporado con prontitud al “carro” de la modernidad (o modernización) y han iniciado sus actividades asistenciales con un muy alto grado de automatización de sus servicios y de sus sistemas de información (historias clínicas electrónicas, digitalización de imágenes radiológicas, etc.). Son los denominados “hospitales sin papeles”.

En el mejor de los casos, esta automatización permitirá una mayor agilidad en la consulta de la información, una mayor interoperabilidad entre profesionales y servicios, y un almacenamiento y conservación integral de los datos médicos de cada paciente. Lo que se presupone redundará, sin duda, en una mayor calidad asistencial. En el peor de los casos, nuestras inestables y limitadas redes informáticas institucionales dificultarán el acceso a esta información, una lasa política de confidencialidad y control de las historias podrá acarrear no pocos problemas jurídicos y morales, y una imprudente planificación de la conservación podrá llevar a pérdidas irreparables de información vital. Esta “ola” de automatización también ha llegado a las bibliotecas hospitalarias, donde desde hace años ya se venían mecanizando algunos de sus servicios más emblemáticos, como los catálogos de revistas, las consultas de bases de datos para las búsquedas bibliográficas o el préstamo personal de libros. Pero en las cuales hasta hace bien poco se seguía ofreciendo a los usuarios buena parte de los recursos bibliográficos (revistas y libros, principalmente) en formato impreso. La creciente digitalización de las publicaciones por parte de la mayoría de los editores internacionales ha permitido a las bibliotecas hospitalarias poner a disposición de sus usuarios una colección más o menos amplia y significativa de revistas electrónicas a través de las llamadas “bibliotecas virtuales”, a las que se puede acceder de forma remota mediante un sistema de claves y contraseñas.

El acceso online (actual y futuro) a las revistas electrónicas y la sucesiva automatización de los servicios bibliotecarios han llevado a pensar a algunos de nuestros gestores (no sin cierta lógica) en la inutilidad de considerar la existencia de grandes espacios bibliotecarios en la distribución arquitectónica de los hospitales de nueva creación. Nada que objetar al respecto. Las bibliotecas sanitarias del siglo XXI deben ser más bien unos espacios de transmisión y difusión del conocimiento, y no tanto unos espacios para el almacenamiento y la recopilación. Por ejemplo, la Joint Commission on Accreditation of Healthcare Organzations ha definido la biblioteca como un servicio o unidad más del hospital y no simplemente como un lugar donde encontrar distintos materiales con información.

Sin embargo, este mismo razonamiento argumental parece haber llevado también a estos mismos gestores a otra peligrosa conclusión: “dado que los profesionales del hospital acceden a la información desde bibliotecas virtuales y ya que no son necesarios los grandes espacios bibliotecarios, prescindamos también de las bibliotecarias que las gestionan. Sin duda, un gran argumento para reducir los costes en el departamento de recursos humanos, pero un gran hándicap para el desarrollo de la información, la investigación y los servicios de información en los nuevos centros hospitalarios. 

Admitamos que, aunque no sea lo más deseable ni lo más óptimo, una biblioteca hospitalaria no cuente con recursos impresos (siempre los podría suplir con los electrónicos) o que sólo disponga de una insignificante sala de lectura (al menos sus  usuarios podrían consultar la información de forma remota)... ¡pero que además NO tenga bibliotecaria! ¿Acaso se han planificado servicios de admisión sin jefe de admisión? ¿O quirófanos sin cirujanos? ¿O es que se pretende ofrecer un servicio integral (¡algo imposible, digámoslo ya!) de forma remota desde las llamadas bibliotecas virtuales? La no contemplación de personal bibliotecario en las plantillas de los nuevos hospitales o es un menosprecio de la labor investigadora y asistencial de sus profesionales sanitarios, producto de un desconocimiento profundo de las labores y funciones de una bibliotecaria; o es el resultado lógico de una errática política de ahorro que parece primar gastos superfluos y parece omitir gastos básicos.

Pues, aunque pueda parecer corporativo, una biblioteca es esencial en la estructura, organigrama y funcionamiento de un hospital, como así lo ha entendido la Medical Library Assoociation de los Estados Unidos, para quienes la biblioteca es el departamento directamente responsable de los sistemas y servicios que dan respuesta a las necesidades de información basada en el conocimiento (IBC) que tiene una organización. Y así lo han entendido nuevos hospitales en Madrid como el Infanta Leonor y el Infanta Cristina.

Quizás conociendo las funciones que puede y debe desarrollar la responsable de una biblioteca hospitalaria se entendería mejor el porqué de esta defensa. Las bibliotecarias (que además ya no suelen llevar moño ni mostrar gestos adustos, como tradicionalmente se las ha pintado, y, es más, suelen tener formación universitaria) no sólo sirven para abrir y cerrar con llave la sala de lectura, imponer silencio con mayor o menor fortuna en la misma, o bajar libros de una estantería y prestárselos durante una semana al usuario. Una bibliotecaria, por ejemplo, también es la responsable de:

  • formar a los usuarios en el manejo de los nuevos recursos electrónicos de información;
  • realizar búsquedas bibliográficas expertas en bases de datos como PubMed;
  • seleccionar los recursos de información que posteriormente adquirirá su centro;
  • participar como una más en grupos de investigación que elaboran guías de práctica clínica o revisiones sistemáticas;
  • informar de los recursos existentes en la biblioteca o de los recursos ajenos disponibles en la intranet o en internet;
  • recopilar la producción científica de los profesionales de su centro de trabajo;
  • o de nuevas funcionalidades que, con total seguridad, la creciente sociedad de la información pondrá en sus manos en los próximos años.

Quizás sean éstos unos razonamientos erróneos y no hayamos entendido que muy posiblemente en España nos encontremos encabezando una gran revolución al haber inventado “la bibliotecaria virtual”, físicamente ausente de la biblioteca, pero omnisciente y omnipresente, dispuesta a “aparecerse” ante el usuario cuando éste lo necesite, las 24 horas del día los 7 días de la semana. Sin ir más lejos, las cadenas de televisión americanas inventaron en las pasadas elecciones a la presidencia de su país el “periodista holograma” (El País, 9 de noviembre de 2008). ¿Por qué no la “bibliotecaria holograma”? Sería un gran alivio para muchos directores de recursos humanos.

En cualquier caso, la realidad se impone de momento, pues las normas de acreditación docente en España establecen que el hospital debe disponer de un servicio de biblioteca que cubra adecuadamente las necesidades del personal del centro, con instalaciones y equipamiento adecuados para el mejor cumplimiento de sus fines, con un fondo mínimo de recursos bibliográficos adecuadamente catalogados y actualizados, y con un responsable debidamente cualificado y recursos humanos adecuados para garantizar su correcto funcionamiento.

Tristemente, los hospitales de nueva creación acabarán contando con biblioteca (¡y bibliotecaria!), pero no porque piensen que es un servicio necesario en el hospital, como señala la Joint Commission, sino porque se vean obligados a ello, dado que la acreditación docente permite disponer de profesionales residentes que, curiosamente, resultan ser “mano de obra” de menor coste y candidatos habituales a las guardias. Bienvenidas, aunque sea así, las nuevas bibliotecarias de hospital. Por que si no, en esta línea de “hospitales light”, sin, sin, sin... podemos acabar como el famoso chiste del niño en bicicleta: “¡Mamá, mira, sin manos!...¡Mamá, mira, sin pies!...¡Mamá, mira sin dientes!”.

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